creciendo, leyendo...
Creciendo, leyendo…
Desde muy chico tuve que vivir con mi madre en un pueblo minero, donde inicié mis estudios con muchos niños, pero entre estos niños había tres clases, los hijos de minero, los hijos de campesino y los niños que eran minoría que eran hijos de oficiales de policía de profesores o hijos de algunos funcionarios públicos como yo, sólo habiendo conocido hasta entonces las vocales, sabía leer en la fachada de cada niño quien era hijo de quién, características o vestidos que podían tomarse como indicio, era lo que me permitía dar cuenta de cada cual, aquél de pantalón remangado, sombrero y ruana era hijo de un campesino, de modo semejante con los demás.
Con el paso de los años adquirí conocimientos nuevos y me hice un lector relativamente bueno, así que era el presentador de las izadas de bandera solamente porque no tartamudeaba cuando leía, lo que para mis 7 y 8 años era algo muy impresionante si me comparaba con el contexto, no obstante vine a hacer el último grado de primaria a la capital donde supe que mi virtud era tan común como mi nombre “Carlos” , sin embargo pude dar con una maestra de español, joven, seguramente recién egresada, cargada de expectativas y de buen ánimo para enseñar, quien nos traía lecturas divertidísimas y libros cargados de imágenes de cuentos fantásticos, lo que hizo que mi clase legara a preferir la clase de lengua castellana antes que la de cultura física.
Desde entonces fui atrapado y tomé cierta inclinación por la lectura, debo decir que fue porque generalmente la imagen que me presentaban de la lectura no era la convencional, la de aquellos intelectuales con apariencia gris y gestos de aburrimiento, mi idea de lectura sinceramente la de la lectura como un modo de distracción, tal como la música o ir a jugar.
Hasta ahora la lectura sigue siendo uno de mis mayores gustos, pero este es particularmente más exigente y que además me saca ocasionalmente de lo que me exige lo académico, sin embargo espere crecer más cada día, porque es lo único que no me aburre al poco tiempo, siento que debe estar siempre conmigo.
Cómo se hace
Cómo se restaura una scooter clásica
Ya hace unos cuatro años que pertenezco a un club de scooter clásicas, que en su mayoría está conformado por miembros que poseen vespa. Un amigo acaba de adquirir una con la intención de asociarse al club por lo que se ha acercado al mismo en busca de ayuda para restaurar su vespa.
Como es un amigo cercano, el club me ha sugerido que lo apadrine en su labor, porque siempre es importante brindar apoyo a un potencial miembro.
Decidí reunirme con mi amigo, para ver en qué condiciones físicas se encuentra la motoneta; y en el momento en que la veo me doy cuenta de que el trabajo va a ser duro, ya que sus latas han sido golpeadas y hay mucho óxido, sumado a esto, el motor no enciende, así que volteo mi rostro lentamente para decirle a el futuro vespista que este pobre vehículo es el peor que he visto, sin embargo cuando observo su cara veo la expresión típica de aquel niño que en una tienda de juguetes ve el juguete más grandioso, que se encuentra en una vitrina alta, con luces y muchos accesorio y un gran precio, no tuve el valor de desdibujar aquella expresión y le dije “¡que reliquia la que te has hecho! ”.
En seguida transportamos la vespa a la vespacueva, que es el centro de operaciones del club, pactamos que el punto de inicio era en tres días, cuando empezaría el desarmado.
Con ayuda de un mecánico que por fortuna es miembro del club y el único en esta ciudad que trabaja en este tipo de motos y nuestras manos, iniciamos el desmantelamiento de este casi deforme aparato, entre tanto se logró darle arranque al motor, lo que nos alegró a todos.
En la segunda oportunidad que se encendió la vespa, ésta expulso una varilla o un palo por su escape, aquel objeto cayo justo entre los pies de su dueño, parecía ser un lapicero, después de una breve limpieza pudimos notar que era un lápiz de carboncillo, este era el regalo de la vespa, pues el dueño era un apasionado por la pintura, lo extraño de estas motonetas es que suelen dar obsequios a sus dueños, a un amigo que es ecónomo la vespa le obsequió un billete de cinco yenes, que según él ha sido un billete de buena suerte, jamás lo saca de su billetera, otro en la placa los dos últimos números que le merecieron ganar un chance, otro en el tanque de gasolina encontró un dije de oro de la virgen, a mí no me dio nada material, pero me regala siempre muchas aventuras.
Siguiendo con el proceso de restauración decidimos, que sería bueno tomarle varias fotografías, para publicarlas, seguramente le servirían a alguien que quisiera restaurar una scooter.
Una semana después encontramos un anciano de apellido Agullión quien había trabajado con estas scooter anteriormente, él había tenido un par, su especialización era la ornamentación, y todo trabajo con metales, o lo que nosotros llamamos latonería, el nos comentaba de cada moto que pasaba por sus manos, a mí me parecía que era un síntoma de senilidad, aunque mi amigo lo escuchaba de nuevo con expresión de niño sorprendido; al cabo de una semana regresamos a ver que se había logrado, sin duda aquel abuelo era un maestro las líneas de la vaspa eran fluidas de nuevo, plenas, curvas.
Contentos por el resultado de la latonería, ahora podíamos concentrarnos en la tarea de pintura de la scooter; buscamos en un par de locales de venta de pintura y al fin dimos con los colores que eran del gusto de mi amigo.
Yo ya conocía un pintor de muy buena fama, lo llamaban Memo el pulido, otro viejo maestro en su arte, lo contactamos, pero tuvimos que sacar cita para pintar la vespa, al fin nos dijo que pasadas tres semanas podía empezar a trabajar con la scooter.
El lapso de tiempo entre la fecha de acuerdo para pintar y la fecha de inicio de la pintura, sirvió para que mi amigo cambiara de decisión sobre el color de la pintura unas ocho o nueve veces. En los procesos de restauración siempre hay una posibilidad de cambio mientras transcurre el mismo, no obstante el proceso de restauración siempre es divertido y da espacio de creación.
He despegado de nuevo.
Tengo un fuselaje viejo y dañado de un caza bombardero de los años 50, es apropiado para una reconstrucción antes volaba propulsado por un elástico que estaba relacionado con la hélice, este sistema se dañó, por lo que he decidido montarle un motor y conectarlo para que impulse el avión, sin embargo ha quedado muy pesado, a pesar de que he aumentado la envergadura de las alas y potenciado la propulsión con el motor ya he mencionado me ha resultado imposible hacer que tome aire de nuevo.
Gracias a un recuerdo que vino a mi mente tomé ánimo de nuevo, ya que el hecho de que el avión no volara me había desalentado un poco; cuando era un pequeño mis carros no andaban solos y mis muñecos no hablaban o se desplazaban por sí mismos quien los dotaba de energía u de capacidades ilimitadas y fantásticas era mi amiga la imaginación, ¿acaso ahora ella me había abandonado?
Pues no, no fue así tras conectar el motor del avión y observarlo por un momento no pude evitar el impulso de subirlo y bajarlo con mi brazo hasta darme cuenta que estaba jugando, o por lo menos imaginando que el avión volaba por el aire mientras yo lo piloteaba, por un momento desapareció mi extremidad, que lo sostenía y los libres se hicieron montañas, la loca de la casa estaba haciendo de las suyas.
En mi caso la reconstrucción del avión resultó partir de acciones basadas en lo técnico un momento de redescubrimiento, de recordar sensaciones, de encender la imaginación que al parecer puede oxidarse con el paso del tiempo, ahora quiero reconstruir un carro de bomberos.
rodando en la ciudad.
Una de las cosas que suelen ser de los más monótono en la vida de cualquiera citadino es el transporte de su casa al su labor cotidiana, en mi caso es particularmente diferente, porque mi medio de transporte no es un bus, un taxi o un vehículo grande, mis ruedas son de una Vespa, en las mañanas me levanto generalmente a las 6:00, pensando en si pico salchicha en mi huevo o no, según unos amigos su problema es el estrés que yo llamaría pre-traumático que les produce el pensar en abordar el bus para llegar a la universidad.
Evento que yo no ignoro, puesto que hace unas semanas tuve un accidente de trabajo y me corte la pierna derecha, lo que me obligó a dejar mi motoneta, para subirme en aquella amistosa máquina verde, la que yo podría abordar fácilmente y obtener una silla de inmediato por mi condición , además planeaba asegurarla llevando pantalón corto, para que mi venda quedara expuesta y pudiera descansar mi cuerpo sobre mis sentaderas, sin embargo de siete días solo uno pude sentarme, los demás fui víctima de patadas que precedían un estúpido “perdón, no lo vi”, yo pensaba, ¿miran hacia abajo después de patear?
Bien , pues ahora solamente enciendo mi motoneta, y arranco en dirección a mi universidad, siempre media hora antes de la clase que tenga, a veces a las 8, otras a las 10, no hay afán pero si hay diversión, a mitad de camino después de que logro evadir los trancones gracias al tamaño de mi Vespa que me permite transitar hábilmente entre los vehículos voy a la par de la máquina, que en ese momento más parece una lata de sardinas que un bus, la gente con su cara arrugada, y sus cuerpos apretados hasta el punto del esfuerzo para respirar, y lo peor es que solo respiran el aliento de sus vecinos.
Yo en cambio tengo constante provisión de aire fresco, faltando un par de minutos llego a la universidad y con parsimonia me bajo de mi motoneta, cruzo un par de palabras con el buen hombre que cuida los vehículos frente a la universidad, a la que me dispongo a entrar con una sonrisa que es producto del recuerda de la lata de sardinas que hacía unos minutos había visto.
Andaba por ahí...
Andaba por ahí, y no sé por qué en esa situación estaba pensando en qué había para el lunes, entonces recordé…
Rápidamente llegó a mi mente entrevistar a aquella mujer que veía pasar frente a mis ojos, aquella que salía de un motel, con este traje tan representativo de las mujeres como ella, quienes se someten a ese trabajo, pienso yo que por necesidad, aunque a algunas de ellas podría gustarles, bueno qué se yo.
Es difícil acercarme a entrevistarla, porque estoy con unos amigos y ellos están con sus esposas es una situación incómoda, tal vez piensen que estoy loco pero debo hacerlo.
Su nombre es Sonia, y es aseadora en el motel hace ya 8 años, lo que se me hace raro porque yo paso hace años por esa calle y hace 5 o menos recuerdo que eso se convirtió en el establecimiento que es ahora. Después de explicarle por qué tengo que entrevistarla ella sonríe, y no puedo evitar la cara de tonto, tal vez, por el tufo que yo tenía, a fin de cuentas decidí seguir con seriedad y precaución la entrevista.
Hablé con ella por veinte minutos hasta que el celador la llamó de nuevo, sin embargo supe que su trabajo de aseadora, le había permitido conocer historias verdaderamente extravagantes, sin embargo hubo una muy grotesca y que había acontecido hacía solo una semana: una mujer le ha mordido sus partes a su acompañante con tal fuerza que ha logrado quitarle un trozo de piel de su testículo, por lo que han tenido que llamar la policía, la mujer, decía Sonia: salió con las que le había hecho eso porque lo iba a marcar por habérsela jugado con otra… los ricos también están locos.
No pude evitar hacerle toda clase de preguntas improvisadas sobre lo que yo creía podía sacar algo interesante, entre estas estaba ¿qué cosas extrañas había encontrado en sus sitio de trabajo? respondió que de todo, consoladores, con frecuencia dejaban prendas de vestir y monedas, también pistolas, drogas, celulares y gafas, aunque un día se encontró una cadena de oro, esperó a ver si su dueño regresaba por esta, pero pasada una semana no vino y la empeñó, así pudo comprar una moto.
Ésta mujer dedicada a la limpieza me ha contado también que el trabajo de ella no es muy difícil, excepto cuando les toca el turno de noche por el trasnocho pero sobre todo los festivos en la mañana o en semana santa, lo que se me hace muy curioso, ella no sabe por qué la gente tiene esa tendencia, y yo tampoco logro deducir por qué. Esta mujer me cuenta que su trabajo le ha dejado muchas anécdotas, en una ocasión hubo un par de jóvenes que llegaron al servicio, y él inmediatamente se dirigió a Sonia y le dijo que no tenía un peso que sólo poseía un celular, y que le suplicaba que se lo empeñara porque esta era su oportunidad, a Sonia solo le dio lástima, reunió el dinero con sus compañeras y sacaron del embarazo al muchacho, ahora va una o dos veces por semana.
Afortunadamente me topé con Sonia quien me dejo ver que acerté en algo interesante, al terminar de hablar con ella me enfrenté a la mirada de mis amigos, para evitar explicaciones terminé contándoles todo lo que ella me narró y resultó un tema de conversación muy rico y detonante para compartir anécdotas bastante descabelladas.
lineamientos suficientes...
Los lineamientos curriculares aparecen como un paradigma para la enseñanza, dentro de los cuales se tiene en cuenta la edad, el grado de escolaridad, los elementos físicos necesitados para la labor e incluso su plantean diferente métodos de enseñanza y teoría pedagógicas, sin embargo dentro de este esquema bien logrado es posible apreciar pequeñas falencias, que de alguna manera pueden ser relevantes para algunos estudiantes, como el trato que se le da en casa, la relación que éste tiene con la lectura, también es importante.
Bruno Bethelheim en su libro enseñar a leer enseñar a escribir, logra tener en cuenta y con gran minucia muchos elementos de la mente del niño que deben servirle para su mejor desarrollo en cuanto al proceso de aprender a leer y a escribir, es de resaltar que alos niños debe estimulárseles, deben pensarse los textos que necesita y lograr que éstos puedan hace la relación de sus lecturas con su cotidianidad.
Éste escritor, mediante un trabajo científico consigue lanzar pautas para una enseñanza integral de la lectura y de la escritura, dentro de lo que debe terse en e cuenta la lectura no solo del texto literario, sino también de la imagen, que es una herramienta muy importante en la enseñanza de nuestros días.
La lectura encierra la interpretación de muchas clases de textos que no solo se limitan a lo escrito, se puede leer un programa de televisión, así como una pintura o la misma expresión del hombre.
Los lineamientos curriculares encierran muchos de los elementos que deben tenerse en cuenta a la hora de la enseñanza de la lectura y de la escritura, sin embargo por su condición de lineamientos no poseen la amplitud, en cuanto a la riqueza de información que permite ser pasada a la práctica para una mejor enseñanza de la lectura y de la escritura.
Mi trabajo.
La vida que tengo me ha exigido una entrada económica, por mi hija, una pequeña motoneta y pequeñas obligaciones propias de la vida cotidiana y de lo académico.
Mi solución obvia era conseguir un trabajo, de manera que empecé con esta tarea (buscar trabajo), que tan mala fama tiene en mi país, pensé en ejercer mi carrea, la que curso, sin embargo me ha sido imposible, porque los horarios de la universidad siempre son la piedra en el zapato para seguir ese camino. Pensé después en trabajar como mesero, pase una semana yendo a casas de festejos hasta que al fin encontré oportunidad en una, sin embargo eran turnos de casi 12 horas por treinta mil pesos, era terrible salir cansado, a las cuatro de la mañana y no poder irme inmediatamente para mi casa porque el taxi me cobraría la mitad de lo que había logrado en la noche.
Tras el quinto evento renuncié después de haber comido y bebido de todo lo que se ofrecía en la celebración, al día siguiente me sentí tranquilo por un rato, hasta que me enfrenté de nuevo con mis responsabilidades.
Inmediatamente empecé a publicar afiches y un aviso en el periódico ofreciéndome como asesor en inglés y español, para quienes necesitaran nivelarse académicamente en los colegios, afortunadamente al día siguiente me llamaron un para dictar un par de horas, mi taifa era de 12.000 la hora, no obstante la gente argumentaba que muchos otros estudiantes de mi universidad cobraban menos de la mitad, y contra eso no pude competir.
Trabajo, trabajo, solo pensaba en eso, hasta que un par de días después un amigo me pidió el favor de que llevara un disfraz de un reconocido muñeco que aparece en las cajas de cereales a un supermercado, estando allí debería entregárselo a una persona, y podría irme a casa de mi amigo por 40000 pesos, que era lo que él me había ofrecido por hacer esta diligencia.
Estando en el supermercado identifique la persona y le llevé el disfraz, esta persona me preguntó “¿él va a venir?” le dije – no, él se fue de viaje en un par de horas- la expresión de la cara de esta persona fue de total desesperación y disgusto; - ¿ahora qué haré?- entendí la situación inmediatamente y le ofrecí mi ayuda, cinco minutos después estaba disfrazado saludando niños y sudando por montones, al terminar el día aquella persona me ofreció trabajo por eventos que convenían con mis horarios académicos y con un pago que no pude rechazar, de hecho deje sì antes de que terminara la cifra que me proponía.
Ahora trabajo para la empresa de aquella persona, y ya no tengo que disfrazarme.
El proceso de asenso ha sido de entrega, en un trabajo que me ha caído como anillo al dedo, y que espero me dure hasta el fin de mi carrera, o por lo menos hasta que pueda ejercerla formalmente.
Entrevista - Lectura y Escritura
Entrevista a un escritor
Entrevista a la escritora Piedad Bonett Vélez
Un lunes del mes de marzo del 2012, una mañana que inicia con el matutino despertar de la gente, el correr de los carros y los trancones que superan la imaginación de los ancianos, en ese instante sale Mario Reyes desde Real de minas en su bicicleta deportiva, el aire frío de la mañana acaricia sus pulmones congelando con monóxido de carbono los alvéolos. Charlie en su vespa anda por la autopista que de Floridablanca conduce a Bucaramanga, su cabello no se mueve y su mirada atenta marca el camino acostumbrado, y yo, Mario Pérez, voy en mi transporte preferido. Montado en los tenis venus recorro las calles del barrio San Francisco. Siete de la mañana, en la entrada del edificio de humanas de la Universidad Industrial de Santander, inicia la reunión de los tres mosqueteros en busca de la tan anhelada entrevista, aquella que el profesor Wilson, a cargo de la materia “Didáctica de la lengua materna II” nos puso como ejercicio con el fin de conocer el arduo trabajo de ser escritor.
Algunas horas planeando cómo hacer de manera sencilla, pero eficaz la entrevista a Piedad Bonett, teniendo solo los datos del correo “skype”. Así los tres decidimos que para el ejercicio es necesario que uno sea el entrevistador, y Mario Reyes es el sentenciado debido a que la oportunidad se le brindó en clase de “Literatura Colombiana” de cuatro a seis de la tarde del mismo día.
El tocayo emprende su ruta hacia la sala de vídeo, su mente está atiborrada de preguntas, la puerta se cierra, el color marrón queda en la visión de los dos combatientes que esperan a su compañero de lucha. Mientras tanto, Mario Reyes, dentro de la habitación del tiempo recibe la oportunidad de hablar con la escritora Piedad Bonett.
Un magistral saludo para romper la distancia entre las dos pantallas, una pregunta sobre el tema de la escritura: ¿Cómo entra en su trabajo el tema de lo cotidiano?, y enseguida todo fluye. Lo cotidiano es el punto de partida en la mayoría de mi obra, encontrando en ella una fuerte influencia marcada por las lecturas que realizaba de poetas que incorporaban esa temática en sus obras. Rosales Castellanos habla de cocinar de estar en la cocina, en la mesa. Ver todo desde lo más simple de lo cotidiano y con el punto de vista de una mujer. Eran tiempos de beligerancia y feminista, pero desde muy temprano tuve claro.
Siguiendo con la respuesta de la escritora, es preciso tener en cuenta que la entrevista fue realizada en clase de literatura colombiana, por ende toda la conversación que se tuvo está parafraseada por los autores del respectivo escrito.
La labor de la vida doméstica era desconocida para la escritora Piedad Bonett, aspecto que fue decisivo para el desarrollo de su arte, escribir. Existe la posibilidad de encontrar lo divino en lo cotidiano en mis escritos, simplemente observando las labores de la casa, se percibe esa belleza de lo cotidiano.
¿Por qué la decisión de escribir poesía en primera instancia? En la adolescencia como mucha gente escribí poemas para desahogarme, entre otros para apartar la soledad, porque desde que llegué a Bucaramanga estuve interna a un colegio, “La Merced”. Ahora el colegio queda en un lugar céntrico, y antes donde quedaba era la naturaleza pura en un extremo de la ciudad y yo con una edad de trece años. Encontraba mucho refugio en la lectura y de igual forma en la escritura, es ahí donde empiezo, y la poesía es una vía importante para el desahogo. Ahí fue donde encontré la vena poética, lentamente en esa soledad en ese silencio y de alguna manera en ese despamparro.
Cuando llegué a la universidad me pareció que la poesía era un arte de segundo orden, como le parece a la mayoría de los seres humanos, entonces inicialmente yo quería ser cuentista y novelista, escribí algunos en la universidad y luego intente escribir una novela, pero como la poesía no perdona se me impuso.
Estuve siempre movida por circunstancias personales, pienso que la poesía siempre obedece a una parte que no tiene que ver con un pensamiento reflexivo sobre lo que está afuera, pero con nociones propias que están dentro de uno así sean mezcladas con cosas concretas de la realidad externa, retomé la poesía a los veintidós años, encontrando de nuevo ese camino que había perdido. Siempre tenía esa incredulidad de que alguien leyera lo que escribía, esa fue la razón para ir lento y demorarme mucho. Mi primer libro lo escribí durante diez años, cuando publican el libro, empiezo a tener más confianza en mí misma. Escribir es un camino, que digamos, me compromete a mejorar cada vez.
Varias apreciaciones que la escritora Piedad Bonett menciona sobre el ejercicio y la dura labor de ser escritor. Mario Reyes sale de la apresurada entrevista con algunos apuntes en su cuaderno dislocado, además del recurso de un vídeo que grabó mientras aparentaba la voz de periodista.
Salimos rumbo al anfiteatro de ideas, donde algunas empiezan a tomar forma, a resucitar entre la oscuridad, luego de observar el material encontramos elementos que sin preguntar directamente a la escritora Bonett son notorios. Aspectos que desarrolla el trabajo de Walter Ong en su texto “Oralidad y escritura”, la oralidad primaria que es observable en la comunicación, en el discurso. La oralidad secundaria que se percibe en todos los aspectos: la tecnología empleada para el desarrollo de la entrevista, la escritura y además los textos que ha escrito Piedad Bonett poemas, novelas y cuentos.
Muchos pensamientos divagan en nuestra mente, Charlie abraza la idea del escritor y docente Daniel Cassany en su texto “Construir la escritura”, el aporte que defiende es: la escritura es una virtud, que es preciso moldear con su ejercicio, aprender a escribir se aprende escribiendo y leyendo. Cualidad que se encuentra en las palabras de la poetiza Bonett, en ese instante donde menciona que el refugio y la salida a la realidad era la lectura, y para distraer la soledad su meditación era escribir poesía, donde se expresa esa cotidianidad que todo ser humano intenta extrapolar.
Sin más rodeos ahora a escribir la entrevista a cargo de Mario Pérez, el cual opta por hacer una crónica de lo sucedido, de esos vaivenes que trae la vida, busca mezclar el testimonio de la escritora colombiana en frases no tan poéticas, no tan melancólicas. Formar oraciones parece sencillo, términos que aguardan los siguientes, una mirada cálida de las vocales, un tono seco de las consonantes. En realidad tener el proceso, el testimonio sobre el duro trabajo de escribir, que al tiempo es placer descomunal por sentir las caricias de los textos inacabados, es único.
Gracias a la colaboración de la escritora colombiana Piedad Bonett quien hizo posible está entrevista, a la clase de Literatura Colombiana, a Mario Reyes, Charlie Vallejo y vuestro escritor Mario Pérez. Tres mosqueteros en busca de la pasión literaria y pedagógica.
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